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23 Abr

LUCES DE LA TARDE SOBRE EL RIO PARANA

Alventus Viajes - Una forma diferente de viajar

Quijarro es la “no man land”, “the absolut the end”, como dirían algunos británicos, para señalar irónicamente, “el final de todo”.Una ciudad a la deriva en la frontera de Bolivia con Brasil, un lugar remoto, lejos de cualquier sitio, un lugar para no caerse ni muerto anoto en mi diario. Varias calles sucias y mal organizadas se extienden junto a unas lagunas y canales tributarios del río Paraná. Aparte de servir de frontera con Brasil y de tener un “Alto comando de la Armada Boliviana” –una Armada sin mar- aquí no hay nada más. El paisaje de los alrededores ha sido maltratado con saña, incendios, basuras, talas abusivas, sequías.. Al medio día el sol cae a plomo sobre la ciudad fantasmal y acrecienta la sensación de abandono. Los pocos negocios crecen sin orden alrededor de las cuadras. Afortunadamente, el hotel Bibosi, en donde nos encontramos, es un pequeño oasis donde resistir. Pero bueno hay algo más, aquí llega el Expreso de la Ferroviaria Oriental, en donde hemos viajado más de veinte horas. Nos hemos acercado a la frontera con Brasil, a un kilometro del centro del pueblo y hemos comprobado que está cerrada, es domingo y la frontera ha cerrado hasta mañana. Así que nos refugiamos del sol en el hotel. El río Paraná está cerca y no me resisto a conocerlo. A duras penas nos informamos sobre el lugar y en un taxi nos vamos al pequeño puerto militar de Tamarinero. Por fin nuestro espíritu y nuestros sentidos se relajan y entran en armonía con el paisaje que nos rodea. Varios grandes brazos de río y grandes canales tributarios del río Paraná forman una imagen bucólica y exquisita del Pantanal de Mato Groso. Miles de aves graznan y chillan cruzando constantemente los cielos azules de la tarde, algunas garzas reales pescan alegres en las orillas, y unos simpáticos charranes cortan el aire mientras unos chuchos sarnosos nos dan por el culo, como en casi toda Bolivia. Pasamos de ellos y seguimos disfrutando del paisaje sublime, la única concesión a la felicidad después de un tórrido día de investigaciones fronterizas, sorteando a pillos y a malandrines de toda ralea. La música melosa y estridente de un bar militar cercano no le quita encanto al sol poniente. Unos vaqueros se lanzan a cruzar el río, las vacas llevan el agua al cuello y a los caballos por el lomo formando una imagen hermosa del Pantanal. El cielo se torna rojizo y después turquesa y azulado antes de que la noche llegue un día más al río, con ella llegan millones de mosquitos para recordarte que aquí los paraísos no existen.


PUERTO QUIJARRO, BOLIVIA. OCTUBRE DE 2012
Faustino Rodriguez Quintanilla (C) texto y fotos.

24 Feb

CUADERNOS DE VIAJE: ETIOPÍA

El cuaderno de viaje vivió su esplendor en la época de las grandes expediciones científicas y arqueológicas durante los siglos XVIII y XIX. Estos cuadernistas utilizaban sus dibujos y anotaciones para documentar los descubrimientos realizaban.

Actualmente el enfoque que se le da al cuaderno de viaje ha cambiado y se entiende como algo más personal, una forma de expresión que pretende plasmar en un cuaderno las experiencias y sensaciones vividas en un lugar que se visita durante un periodo de tiempo determinado.

Hoy os traigo algunas páginas del cuaderno de viaje que realicé durante mi pasada estancia en Etiopía, en Octubre y Noviembre de 2014. Espero que os resulten interesantes y que os animen a realizar vuestro propio cuaderno la próxima vez que viajéis.

19 Dic

VARIAS IMÁGENES, UNA HISTORIA. KARAKORUM HIGHWAY.

ALTO HUNZA, BALTISTAN. NORTE DE PAKISTAN.

A lo largo de 1.260 kms. una carretera inverosímil remonta el valle del río Indo atravesando la cordillera más alta de la Tierra y accede a la remota meseta del Pamir. Su construcción se considera una de las obras más audaces de la ingeniería, un itinerario “imposible” entre Islamabad y el extremo occidental de China. Su apertura exigió veinte años de trabajo descomunal y el dramático saldo de un trabajador muerto por cada kilometro construido.

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Habíamos partido desde la capital de Pakistán en un viaje que nos iba a llevar a recorrer toda la carretera y algunos de sus valles tributarios para, después, por el estratégico “Paso del Kunjherab”, a 5.200 metros del altura, acceder al Pamir. Además de la carretera, el principal atractivo es el recorrido, los lugares que íbamos a atravesar, verdaderos hasta hace relativamente poco tiempo, espacios en blanco en los mapas de la zona. 

Aquel fue un viaje impresionante en todos los sentidos: la majestuosidad inabarcable del río Indo, río que da nombre a todo un continente, a veces de fluir pausado y en muchas ocasiones de corriente loca y tumultuosa, atravesando profundos y oscuros barrancos. Las imágenes descomunales de los grandes colosos del Karakorum, el Nanga Parbat, de más de ocho mil metros, el Rakaposhi, una cima de hielo moldeado por el viento. Relajantes oasis de montaña, villorrios perdidos, fortalezas medievales…, la vida en la carretera; caravanas de camellos, de mulas y burros, de viejos camiones vociferantes… que transportan mercancías.

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Mercaderes de otra época descansando en los “charpoys” de cáñamo bajo destartalados tenderetes o sorbiendo té, los humeantes samovares o las humaredas de las parrillas donde se asa la carne de cordero, las moscas revoloteando por todos los rincones de las “chaikanas”, las tradicionales “casas de té” que dan de comer y de beber a cientos de viajeros…

KARAKORUM_7De algunos de los valles surgen poderosos torreones que defendieron hasta hace poco reinos independientes como el Baltistán. Pueblos todavía guerreros e indómitos, encuentros con pistoleros y nómadas que, desde siempre desdeñaron a todas las potencias dominantes. Las tropas colonialistas británicas se cuidaron mucho de adentrarse en estos territorios donde en cada valle gobernaba un rey o una tribu diferente. Aquí el Imperio británico y sus estrategas fijaron lo que se conoció como “Big Game”, la última “gran partida” imperialista. Hoy, cien años después el imperio heredero de nuevo se ha estrellado en la zona y envía aviones no tripulados a masacrar las aldeas perdidas del Hindu Kush y del Kararorum.

• La mirada penetrante de un obrero de “mantenimiento” te desarma por completo. 

• En muchas ocasiones la carretera se convertía en una pista de lodo y piedras…, donde coches, camiones y furgonetas se quedaban anclados…, entonces, la labor de ayuda solidaria de todos los viajeros hacia posible proseguir la ruta.

• El joven y su fusil. Un “Far West” en este lejano oriente. La “protección” del Estado no llega a muchos rincones de la ruta y el espíritu defensivo y guerrero de estos reinos hacen que mucha gente vaya armada por los caminos.

• Los olores de una entrañable panadería, el ambiente de una “chaikana” llena de mercaderes y de moscas, los niños de una escuela perdida o el indomable curso del río Indo a través de las montañas… Son algunas de las imágenes que reflejan diferentes instantes de la vida en la carretera tal como yo lo vi durante aquel periplo apasionante a través de las “entrañas de la Tierra”.

Pakistán. Septiembre, Octubre 1990.
FAUSTINO RODRIGUEZ QUINTANILLA © Texto y fotos.