25 jul

AMAZONAS AGUAS ARRIBA

De Leticia a Iquitos en el “Golfinho”

“Avísote, Rey y Señor, no proveas ni consientas que se haga alguna armada para este río tan mal afortunado, porque en fe de cristiano te juro, Rey y Señor, que si vinieren cien mil hombres, ninguno escape, porque no hay en el río otra cosa que desesperar”.
Lope de Aguirre, Carta a Felipe II, 1561

Amazonas aguas arriba

Es madrugada, el “Golfinho”-así se llama nuestro barco- navega aguas arriba del Amazonas. Todos está oscuro y siniestro, el río como siempre, voluptuoso e impredecible, se desliza como una culebra gigante sobre la selva densa y musculosa .Llueve torrencialmente un agua templada. El capitán alumbra con la linterna, no sé cómo puede ver o sí acaso ve algo, imagino que conocerá al río de memoria, pues aquí no hay balizas ni GPS. De cuando en cuando escucho cómo grandes troncos y ramas a la deriva golpean el casco de nuestro barco. Se me ocurre que en cualquier momento este cascarón se va a partir en dos o tres pedazos.

En el medio de la noche oscura el Golfinho se detiene, el piloto “juega” con las marchas del motor, parece que anda “desatascando” las hélices del follaje atrapado. Pasan las horas y por fin amanece, con las primeras luces me entra un suave relax y duermo feliz arrullado por el soniquete del agua. Nos pasan un desayuno: un bocadillo de una cosa parecida a la mortadela y un café con leche.

Amazonas aguas arriba

Selva y más selva. Nos detenemos en un puertecillo llamado “Caballo Cocha”; ajetreo de “peque peques” (pequeñas lanchas). Veo un barco grande de pasajeros que hace la ruta de Iquitos a Manaos, más de tres mil kilómetros de río. Se trata de una mugrienta nave llamada “El Gran Diego”. Pasamos un control militar y de aduana. Nos encontramos en un punto caliente de tráfico de cocaína y de muchas cosas más. El militar, un joven bajito pero con cara de mala leche, le pregunta a mi compañero de asiento, un joven colombiano que viaja hacia Iquitos; – ¿cuál es su profesión?, -soy comerciante señor. –A ver, enséñeme la mochila. El militar la registra, saca algunas pertenencias y una cuerda de varios metros. -¿Esto para qué es?, le espeta con voz alta. –Una cuerdita no más, señor. –Sí, ya veo que es una cuerda pero le he preguntado que para qué. – Nooo, buenooo , balbucea con voz quebrada mi compañero, – para poder hacer unas medidas y por si hace falta para algo, señor. – Désela al capitán y al final de la travesía que se la devuelva. El barco sigue. Tenemos un “polizón” a bordo. Un pobre abuelete se ha colado sin billete. El capitán mira en la lista y no aparece. Al poco retrocedemos al puerto y lo bajan sin contemplaciones.

Selva, agua, más selva, algunas chozas aisladas. Nos dan el almuerzo. Una fiambrera con arroz. Frijoles y un pescado rebozado junto con un vaso de “Inka Cola”. Voy a mear, el espacio es mínimo y me vuelvo a sentar.

Amazonas agua arriba

La tarde va cayendo cuando avistamos las primeras casas de Iquitos, han sido casi trece horas si apenas moverme, en donde hemos cubierto 500 kms. sobre el río más caudaloso de la Tierra. Es la mejor forma para hacer este viaje, sentir que formas parte del barco, casi una máquina más, sentir que formas parte del río, dejarte llevar, sumergirte en el sopor del trópico, en caso contrario te vuelves loco.

El puerto es un bullicio de gentes de un lado para otro, suenan músicas y ritmos sensuales y el ruido y los olores invaden el paisaje. Al poco nos tomamos una fría cerveza Iquiteña en la terraza del bar de Fierro, en la Plaza de Armas, sus paredes encierran historias de la selva, de truhanes, aventureros, buscadores, soñadores y malandrines. La plaza presentaba aquella tarde una alegre apariencia, alumbrada por farolas de luz tibia.

Río Amazonas. Travesía Leticia – Iquitos. Colombia/Perú. Diciembre 2010.
Faustino Rodriguez Quintanilla. © Texto y fotos.

18 jul

EN BUSCA DE LA CIUDAD PERDIDA

¿Qué quiere usted? He crecido salvaje como las hierbas y necesito la acción, la acción continua. (Zalacaín el aventurero. Pío Baroja.)

Los textos que a continuación siguen son párrafos sacados de mi diario de viaje a la “Ciudad Perdida”. Son sólo unos mínimos apuntes de un recorrido que me cautivó como pocos…
Las imágenes… suponen la inmersión en un océano verde. Espero os guste.

ABRIR los ojos a la nueva mañana, salir de tu habitación a la luz de los trópicos, al olor a plantas dulzonas y a café recién hecho es una buena forma de entrar en ambiente. Hemos quedado con el sr. Jairo, uno de los primeros guías de Ciudad Perdida. – en 1997 tuve que suspender mis actividades, nos dice, por problemas con la guerilla y con los paramilitares, pero la situación ha cambiado, la zona ahora está tranquila y la gente que antes se dedicaba a la extorsión ahora se dedica al turismo”.

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POCAS COSAS resultan más emocionantes que partir al descubrimiento de una antigua ciudad abandonada y si ese lugar está envuelto en brumas y lluvias casi permanentes, a la vez que es necesario atravesar innumerables ríos y selvas hasta llegar, entonces, la aventura está garantizada y comprenderemos por qué la “Ciudad Perdida” ha hecho honor a su calificativo durante cuatro siglos”.

TEYUNA, como se le conoce en la lengua indígena, fue construida por los Tayronas en las laderas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Actualmente constituye una de las ciudades precolombinas más grandes descubiertas en América”.

Teyuna. La ciudad perdida

UN VIEJO JEEP llamado “el torito” bramaba ascendiendo las embarradas pistas que nos iban a acercar a las inmediaciones del villorrio conocido con el nombre de “Machete Pelao”, en la entrada al Parque Nacional Tayrona. Nuestra expedición a pie iba a comenzar aquí. En un chamizo tomamos un refrigerio antes de comenzar la marcha al tiempo que el guía me comentó; un momento, cuñao, voy a recoger a mi novia. La “novia” del guía resultó ser una daga de más de medio metro de cuchilla. Días más tarde tuvimos que emplear a fondo a la “novia” para abrirnos paso en muchas zonas del camino”.

LA HUMEDAD ambiental es tremenda y el aire vuela denso y cargado de olores a tierra, a yerba fresca y a excrementos de numerosos animales que no vemos, pero que sabemos que están. Llueve a ratos y el camino se va enlodazando por momentos”.

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A LO LEJOS divisamos el mar, hacia el norte, el ¡mar Caribe!. Es increíble esta cordillera, una montaña salvaje y tropical, a escasos kilómetros del océano. Se trata de la montaña más alta del mundo existente a orillas del mar. En su interior se encuentran desde los ecosistemas marinos hasta el clima polar. Desde los cero a los 5.775 metros del Cerro Colón”.

CON MIS ROPAS bien secas, bien comido y bebido me voy al chinchorro, donde caigo como un saco. Mañana saldremos temprano, a la seis de la mañana. Mientras, la tormenta ruge con fuerza y el agua cae generosa sobre la selva oscura y misteriosa”.

HIJO DE COLONOS, Misabel, nuestro Guía, tiene 21 años y parece un buen chico. Conoció la sierra en los años revueltos. Cuando los paramilitares, los narcos y los guerrilleros de las FARC se calentaban por estos caminos. – Mi tío, me dice, muchos jefes paramilitares están ahora en los Estados Unidos”.

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SOBRESALEN árboles gigantes como el Mestre y el Caracolí o la descomunal Ceiba de Leche. Las Palmas de cera, los helechos arborescentes, los bosquetes de Tagua, de troncos parecidos a un bambú gigante. Las hermosas Bromelias cuelgan de árboles musculosos y en medio del océano verde una orquídea llama poderosamente la atención en forma de sugestivos colores”.

LA VEGETACIÓN apenas nos deja ver unos metros por delante, cuando de algún lugar surgen unas poderosas voces: – ¡no se me rindan! Frente a nosotros y sin darnos cuenta nos topamos con un campamento militar. Jóvenes ataviados con fusiles y ametralladoras montan guardia en un paso estratégico. La imagen me recuerda esas películas de guerrillas en la selva… Afortunadamente esto ahora está en paz. No quiero ni pensar cómo puede ser una guerra en estos parajes. Los militares nos preguntan si somos del Real Madrid o del Barcelona”.

EN BUSCA DE LA CIUDAD PERDIDA

POR FIN, el tercer día divisamos muy abajo el cauce del río Buritaca y el grandioso valle que nos tiene que llevar corriente arriba hasta nuestro objetivo. El camino se hace más agreste y complicado si cabe. Las mulas ya no nos acompañan y a partir de aquí llevaremos todo nuestro equipo a cuestas. El río baja con fuerza y con mucho caudal por lo que prestamos la máxima atención en su vadeo. Después avanzamos entre rocas, lianas, raíces gigantes, yerbas y piedras tamizadas de musgo de mil tonalidades verdes…, de la selva, de la tupida selva negra surge misteriosa una gran escalinata compuesta por grandes piedras talladas y bien alineadas. El corazón me late con fuerza y no puedo dejar de emocionarme, estamos en el inicio del ancestral acceso a la “Ciudad Perdida”.

EN BUSCA DE LA CIUDAD PERDIDA

Sierra Nevada de Santa Marta. Colombia. Octubre de 2010.
Faustino Rodriguez Quintanilla © Texto y fotos.

9 jul

BEREBERES

Lalla Fatma, la enjuta, menuda, risueña y enérgica mamá de Ibrahim, me acaba de servir el desayuno; aceite de oliva, mantequilla, aceitunas negras y una humeante hogaza de pan recién sacada del horno de barro. Sorbo con ganas el café caliente y compruebo que tiene un sabor ligeramente picante. Ibrahim ha notado algún gesto, casi involuntario, en mis facciones y me pregunta, – ¿te pasa algo Faustino? , – No, no me pasa nada, está mañana parece que hace mucho frío, -le comento. No quiero por nada del mundo que Ibrahim pueda pensar que algo no me gusta y con ello faltar a la tremenda hospitalidad con la que durante estos días de “aislamiento” me está agasajando la familia y en particular a las amables atenciones de su madre. – Probablemente, mi madre, ha vuelto a echar pimienta al café, -me dijo con tono casi preocupado, el bueno de Ibrahim. Para Lalla, hervir algunas pimientas con el café era una forma, según me dijo después Ibrahim, de mejorar el sabor de su café y así atender mejor, según su criterio, los gustos de este occidental acomodado.

Aquella primavera de finales de los ochenta estaba siendo muy fría en las montañas del Atlas y por la ventana veía como la nieve caía plácidamente sobre esta perdida aldea, endulzando el paisaje y vaticinando un verano con abundante agua y buenas cosechas. Yo llevaba varios días varado en la aldea, y aún me quedaban algunos más, a la espera de que la ruta de los puertos se despejara y poder proseguir mi camino.

BEREBERES

 

Desde entonces y a lo largo de cientos de correrías por las montañas de Marruecos he comprobado la hospitalidad del pueblo bereber. He compartido casa, jaima, pan y plato con gentes a las que nunca estaré suficientemente agradecido. Guías, arrieros, porteadores, camioneros, pastores, agricultores, cocineros de trek…

Sirvan estas palabras para un modesto homenaje a ese pueblo ancestral, los Bereberes, los Imazighen, las “gentes libres” del norte de África.
Faustino Rodríguez Quintanilla © Texto y fotos.

1 jul

REUNIÓN Y FIESTA GUÍAS DE ALVENTUS & AÑOSLUZ

Hace unas semanas nos reunimos en Sevilla un montón de amigos, guías y personal de ALVENTUS & AÑOSLUZ. Tras la presentación de la temporada de verano nos fuimos a cenar y hacer lo que más nos gusta, reírnos, contar anécdotas y hablar de viajes… Nos vemos esta temporada viajer@s!!!

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24 jun

PUERTAS DEL ATLAS

Siempre me han llamado la atención las puertas de algunas de las casas de las villas y pueblos del Atlas. Son cientos las duares y aldeas que se reparten por la cordillera Atlante. Pueblecillos y villorrios pegados al terruño, algunos de ellos muy pequeños, apenas cuatro casas pertenecientes a varias familias. Otros, de mayor tamaño presididos por la torre de la mezquita o por el Ksar medieval, castillo de reminiscencias feudales que tenían como función defender el territorio y servir de almacenamiento del preciado grano en épocas convulsas. Al mismo tiempo, siempre, también me llamó poderosamente la atención la extraordinaria austeridad de estos pueblos y de sus casas. Apenas una mínima concesión al refinamiento, las casas, extremadamente austeras, tanto en el exterior como en el interior, con muy pocas concesiones incluso a un mínimo confort. Las construcciones de adobe son por lo general de una o a lo sumo dos plantas. Algunas, las más grandes, disponen sus habitaciones alrededor de un pequeño patio que sirve para el trasiego de personas y animales, secar la cosecha o sentarse al sol. Las habitaciones, con pocas ventanas y oscuras por lo general son sumamente espartanas. Una cocina, general mente con un horno situado en el mismo suelo, sin poyetes y en los últimos años alguna bombona de gas butano. Algunos utensilios para cocinar, la consabida tetera, una olla para el cuscus y una bandeja redonda para servir, poco más. Junto a la cocina, algún cuarto con alfombras en el suelo hace de dormitorio, a veces de la pared cuelga una foto con la imagen de “La Meca” y en ocasiones algún calendario con la foto de un paisaje “alpino”. A su lado una sala un poco más amplia, también con el suelo cubierto por alfombras y en algunos casos con divanes o cojines que se disponen alrededor. Lugar que sirve de sala de estar e incluso también dormitorio y en muchos casos como habitación de “invitados” cuando llega gente como yo.
Por ello, por la escasa concesión al refinamiento que la mayoría de los bereberes han dado tradicionalmente a sus moradas, siempre me llamaron la atención muchas de las puertas de las casas; algunas por supuesto muy austeras, como podéis ver en las fotos, pero otras, fabricadas tanto en materiales como madera o en otros metálicos y más modernos, las han decorado poniendo un poco de color al ocre de la villas. Aquí tenéis una pequeña selección de fotos que he venido realizando en mi deambular a pie por estos pueblos, acogedores por lo general e íntimamente unidos a mi existencia.
Faustino Rodríguez Quintanilla © Texto y fotos.

16 jun

LA BÚSQUEDA DE LA BELLEZA…

Hace unos días una amiga me recordaba en su muro de facebook unas hermosas palabras de Ramon Trecet: “La búsqueda de la belleza es lo único que merece la pena en este asqueroso mundo”. Así comenzaba este periodista de su programa en “Diálogos 3″. Piensen hermoso, yo lo intento y lo busco. Aquí tenéis algunas mis fotos, siquiera espero que un leve bálsamo en unos días de pesadez nacional…

 

13 jun

La granja de “Piraricús”. Locos y soñadores en el Amazonas.

Navegamos río de arriba de la cabaña Sacambú. La selva, siempre la selva. Largas orillas vestidas de verde bajo un cielo cambiante y poderosamente hermoso. Grandes nubes algodonosas que escalan hacia el azul. Algo te dice en tu interior que detrás de aquélla curva del río va a aparecer algo diferente, una ciudad, un pueblo, quizás un puertecillo…, pero llegamos y aparece a lo lejos otra curva más, selva y más selva, árboles musculosos y gigantes como titanes, lagunas escondidas y una maraña que parece querer engullirte. Joel, nuestro guía, nos lleva hoy a conocer una curiosa experiencia. Un tipo peruano lleva más de 20 años establecido en este lugar perdido y desde hace seis está trabajando en la cría en cautividad del Piraricú. Se trata de uno de los peces con escamas más grandes del mundo. Habita en los ríos tropicales y amazónicos de Colombia, Brasil y Perú, en donde se han llegado a encontrar ejemplares de hasta 12 metros de longitud. Su valiosa y sabrosa carne, su cabeza, escamas y piel son altamente demandadas por lo que el Piraricú está en grave peligro de extinción. Pues bien, nuestro hombre ha ideado una especie de “vivero” para poner en práctica su proyecto de cría y reproducción. Pero, como hemos dicho, el Piraricú no es una trucha o una lubina. Aunque ahora no es fácil encontrar ejemplares de 12 metros, sí se pescan animales entre los 2 y los 5 metros. –“Esta es una labor dura y de paciencia”, nos dice Arturo. –“Llevo 6 años invirtiendo en personal, mallas, comida. Con un poco de suerte el año que viene pondrán los primeros huevos, a razón de unas dos mil unidades. Los alevines que prosperen los podré vender en el Perú al mercado japonés, a razón de 20 $ el ejemplar. De esta forma estoy colaborando con la madre naturaleza y al tiempo sacaré mis ganancias”. Por 15.000 pesos colombianos, Arturo nos enseñó la “piscina” donde chapoteaban algunos ejemplares. Un joven se lanzó sin miramientos para intentar enseñarnos un ejemplar que se retorcía con fuerza, luciendo sus más de 25 kg. El Piraricú, puede estar hasta una hora fuera del agua ya que está provisto de un pulmón y parece más bien un animal prehistórico. –“Esta es mi vida señores, gracias a Dios ustedes son españoles y el Altísimo nos ha dado una lengua para que podamos comunicarnos ampliamente”. Arturo luce una cruz de madera en el pecho, una modesta cruz de madera negra. -¿qué edad tienes Arturo? – le pregunto. – “53 años señor, ya soy mayor”. Pero, pareces mucho más joven, – le comento. –“Es el fruto de una vida ordenada y sin alcohol, sin juergas y sólo de trabajo. Tengo 9 hijos y 22 nietos. Mis hijos se llaman Jacob, Josué, Abraham, Noé, David, Jericó, Josue, Aaron y la pequeña Delfina”; “¿no escuchan ustedes una cadena de radio norteamericana en la EJK 240?. –Pues no señor, le comento. –“Pues deben escucharla, es muy interesante lo que dicen”. –Y, qué dicen, Arturo. Volví a preguntar. “El señor Jonson Walter, habla bien, muy en serio y con muchos argumentos. Y está diciendo que el próximo 21 de mayo de 2011 será la fecha de la conversión final de los últimos cristianos y el 21 de octubre el mundo arderá y todo se acabará”. – Y, de qué forma dice el señor Jonson que se va a acabar el mundo, le pregunté, intentando ser lo más respetuoso que podía. –Señor Faustino, me comentó con tono solemne; -“todo arderá de súbito, puramente de súbito todo saldrá ardiendo”. – ¿Qué le parece, señor Arturo, si va soltando sus Piraricús?, -le comenté ante la mirada socarrona de Joel. Al poco, nos despedimos de Arturo y de sus retahílas. –“La política lo vuelve loco, me dijo Joel al marcharnos, pura política, señor Faustino, y la selva lo embolaca”. Dejamos la granja de Arturo y sus “piscinas” de Piraricús. A un lado una mínima iglesia se levantaba en trocito de terreno ganado a la selva. Volvimos a nuestro río y el sol del medio día si parecía realmente fuego sobre la jungla musculosa. La selva, siempre la selva, permanecía igual, acogiendo desde siempre a todo tipo de personajes, aventureros y estraperlistas, narcos, guerrilleros, locos y soñadores, turistas y clérigos majaretas. La tarde caía plácidamente cuando arribamos de nuevo a la cabaña Sacambú, mientras el cielo estallaba en mil colores.
Amazonas. Territorio de la Triple Frontera: Colombia, Brasil y Perú. Noviembre 2010.
Texto y fotos: © Faustino Rodriguez Quintanilla.

24 oct

EL SUEÑO DE LAS CIMAS. CUMBRE DEL BISAURIN. PIRINEO DE HUESCA.

Cuando preguntaron a Edmund Hillary, el primer hombre, junto con el Sherpa Tenzing Norgay, que alcanzó la cima del Everest; ¿por qué subió usted al Everest?- el afamado alpinista contestó, quizás probablemente cansado de tan prolijas averiguaciones, – “pues, porque está ahí”.

A nosotros, los que tenemos esa manía de subir montañas nos preguntan demasiado a menudo lo mismo. Y, si alguno de vosotros está pensando en preguntar yo, modestamente, añadiría, “mira, mira esa foto, por eso subimos montañas”.
Ese “paseo por las nubes” lo hicimos hace varios inviernos. Estando en la cima del Bisaurín, un pico atalaya excepcional sobre el Pirineo, apareció emergiendo al final de la arista somital un montañero que, como nosotros, estaba disfrutando de la ascensión. Su diminuta figura se recortó sobre los abismos y le dio toda su grandeza al paisaje sobre la cadena axial. Aunque mis dedos estaban agarrotados por el frío, el termómetro marcaba en ese momento once grados bajo cero, pude disparar en el instante preciso. Al fin y al cabo, ¿no es eso la fotografía? (Diciembre de 2010, Bisaurín, Pirineo de Huesca)

Faustino Rodriguez Quintanilla (C) Texto y foto.

 

21 oct

HUYANA POTOSI, LA MONTAÑA DE CRISTAL.

Toda la noche ha rugido el viento y ha estado nevando. A la una de la madrugada nos llama Evaristo, nuestro guía de alta montaña. Evaristo, de rasgos inequívocamente andinos, pertenece a una raza de jóvenes andinistas bolivianos que han aprendido las técnicas de montaña en las recién creadas escuelas de andinismo. Gente dura que se gana la vida con gente como nosotros, guiándonos a través de un laberinto de glaciares hacia los seis mil metros de altura. Evaristo parece un pragmático, no da muchas concesiones al refinamiento y creo que le da igual si la montaña es hermosa, salvaje, dramática o acogedora, está con nosotros para ganar dinero, lo cual no es reprochable.

El refugio, a esta hora, es un ajetreo de gente somnolienta manejando cuerdas, arneses, crampones…. Apenas sorbo un poco de café y salgo al exterior. Hace frío, mucho frío y sopla su aliado el viento, está nublado y nieva. –Evaristo, ¿crees que mejorará?. Nos ponemos los crampones, se me enfrían las manos, me vuelvo a preguntar ¡qué hago aquí!. Pienso, mejor no pienso, me dejo llevar, me falta poco para renunciar y volver al saco calentito, a la plácida calidez de mi jergón en el hosco pero ahora acogedor y amable refugio. Voy para adelante, como muchas decisiones en la vida en el llano, tienes apenas unos segundos para decidir si continuas o no hacia adelante. Las cordadas que nos preceden están ya muy altas, parecen luciérnagas revoloteando en la oscuridad. Las nubes comienzan a rasgarse, aparecen estrellas, miles de estrellas, la Cruz del Sur…

Poco a poco el alba comienza a iluminar la montaña, parece un hermoso cristal resplandeciente, las manos se me hielan, se calientan, se vuelven a helar…amanece, ¡qué alegría de sol, alcanzamos la antecima a seis mil metros, estoy emocionado. Oleajes de montañas dan profundidad al paisaje hacia la selva misteriosa. El glaciar parece un pastel cremoso con la luz de los primeros rayos, atravesamos grietas profundas y oscuras como el averno…, el calor se adueña del glaciar y nos hundimos en la bajada…, llegamos exhaustos al refugio.
Huyana Potosí. Andes de Bolivia. 2012
Faustino Rodriguez Quintanilla (C) Texto y foto.

 

15 oct

NAVEGANDO POR EL SAHARA.

Algún lugar en el “Plateau” o Meseta de Tademait. Ruta Transhariana. Argelia.

1986, éramos muy jóvenes y teníamos todo el tiempo del mundo y un mundo por descubrir. Nuestro “R-4”, el famoso “cuatro latas” atravesaba libre entre los mares de dunas y las vastas mesetas calcinadas, las solitarias “hammadas” y los grandes “platós” como el de Tademait, miles de kilómetros cuadrados de arenas y vacíos absolutos.

No había GPS ni se le esperaba ni ningún artilugio “vía satélite”, tampoco existía “Google Maps” ni invento remotamente parecido. Un viejo mapa “Michelín” y una anticuada “Guía Práctica del Sahara” eran nuestra única documentación. Como clara y vital referencia de “estar en la ruta” teníamos que seguir el rastro de antiguos bidones de gasoil estratégicamente colocados cada diez kilómetros a modo de balizas y con la inscripción “TAM”, esto es, Tammanrasset, el mítico oasis hacia donde nos dirigíamos, un cruce de caminos en las rutas hacia África Negra. Despistarte y perder el seguimiento de estas “balizas” podría suponer perderse en estos mares… . Fueron días de extrema soledad, de cielos azules y estrellados y de noches sin luz, de risas, de hambrunas y de vino “tetra brick”, fueron días de suprema libertad.

Faustino Rodriguez Quintanilla © Texto y Foto.